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13.02.2026El Hay Festival Cartagena de Indias 2026, cuya vigésima primera edición se desarrolló entre el 29 de enero y el 1 de febrero de 2026, se consolida como uno de los encuentros culturales más visibles de América Latina, reuniendo a más de 180 creadores y pensadores provenientes de 25 países en la histórica ciudad colombiana.
Durante esos cuatro días, Cartagena ha sido escenario de intensas conversaciones sobre literatura, filosofía, periodismo, cine, teatro, música y pensamiento contemporáneo. Las actividades se llevaron a cabo en diversos espacios —desde teatros y auditorios hasta centros culturales y zonas comunitarias— reflejando la vocación del festival de acercar la cultura a públicos amplios y diversos.
El Hay Festival formó parte de una red internacional de encuentros, con ediciones simultáneas en Jericó y Medellín, y sus programas se extendieron a otras ciudades cercanas como Barranquilla tras la clausura en Cartagena.
A diferencia de celebraciones centradas únicamente en el entretenimiento, el Festival se planteó como un espacio de diálogo informado y reflexión crítica. Su programación incluyó mesas de conversaciones con escritores, filósofos y periodistas; talleres de lectura y escritura; presentaciones musicales; conferencias sobre ciencia y pensamiento social; y espacios destinados a jóvenes y niños.
Además de la literatura tradicional, se exploraron temas clave de la actualidad global, tales como democracia, polarización social, crisis climática, inteligencia artificial y memoria histórica, entre otros ejes de debate que se convirtieron en hilo conductor de muchas mesas.
Una de las conversaciones de mayor repercusión fue la inaugural, protagonizada por el actor y cineasta Diego Luna, quien abordó la intersección entre cultura, ciudadanía y responsabilidad pública del arte.
La edición también fue marcada por la polémica, dado que varios autores, entre ellos Giuseppe Caputo, Laura Restrepo y Mikaelah Drullard, cancelaron su asistencia meses antes del evento en protesta por la invitación a la líder venezolana María Corina Machado, lo que generó un debate sobre los límites entre cultura y política dentro de espacios culturales de alto perfil.
A pesar de ello, Machado participó en el festival en un conversatorio sobre la situación en Venezuela, moderado por periodistas internacionales, lo que atrajo atención mediática tanto dentro como fuera del país.
El diario español EL PAÍS, que celebró su 50º aniversario, fue otro de los protagonistas del evento con una serie de mesas centradas en los retos del periodismo contemporáneo, especialmente frente a la desinformación y la polarización en América Latina, reuniendo a figuras como Jan Martínez Ahrens, Carlos Fernando Chamorro y Denise Maerker.
Dentro de la programación cultural confluyeron también la música y la palabra, con la presencia de figuras como Silvio Rodríguez, ofreciendo conversaciones sobre canción, poesía y compromiso cultural en formatos híbridos que atrajeron a un público numeroso.
Además del foco principal en debates públicos y literatura, se consolidó la labor del Hay Festival Comunitario, que desarrolló actividades gratuitas en barrios y espacios educativos de Cartagena. Talleres para jóvenes, encuentros en colegios y propuestas dirigidas a públicos infantiles fueron parte de la agenda que buscó ampliar el impacto social de la iniciativa más allá de los escenarios principales.
El evento cerró con cifras históricas de asistencia, convirtiéndose en un referente del pensamiento crítico y la conversación pública en la región.
CONTRAPUNTO
Pensar la cultura más allá del festival
Una vez concluido, el Hay Festival Cartagena ha sido objeto de análisis crítico, considerando que su modelo, aunque exitoso en reunir voces de proyección global y suscitar debates públicos, contrasta con formas de encuentro cultural más comunitarias y continuadas en el tiempo. Estos modelos alternativos destacan por su arraigo local, continuidad y relaciones horizontales entre participantes, frente a la lógica curada “desde arriba” de grandes festivales. El Hay Festival, en este sentido, no fue ajeno a las tensiones que pujan entre la visibilidad global y la profundidad local.
Mientras el festival privilegió la visibilidad internacional, otras iniciativas culturales locales como ferias comunitarias, colectivos de lectura y jornadas universitarias, continuaron funcionando como espacios de conversación cotidiana y permanente. Para muchos, pensar en la cultura implica articular estos distintos modelos, reconociendo que eventos excepcionales y trabajo cultural cotidiano son complementarios, no sustitutivos.
En El Salvador, por ejemplo, esta reflexión sobre el papel fundamental de la cultura se proyecta en esfuerzos sostenidos de organizaciones como la Cámara Salvadoreña del Libro, editoriales independientes, universidades y colectivos que con recursos limitados, pero con trabajo constante, mantienen presente una idea clave: pensar mejor, es resultado de un trabajo continuo, no exclusivo de eventos ocasionales.




